Notas preliminares sobre la infancia, lo infantil y lo poético, a partir de algunas elaboraciones de G. Agamben, F. Lyotard y Jean-Luc Nancy

Erika Patricia Ciénega Valerio

I. Preámbulo

La intención de este ensayo es presentar notas preliminares a partir de algunas de las ideas de Giorgio Agamben, Francoise Lyotard y Jean-Luc Nancy, que permitan ir compilando nociones y conceptos para articular en trabajos ulteriores una argumentación que posibilite pensar lo que he nombrado una poética de la infancia y lo infantil, por lo que el presente trabajo tiene un carácter introductorio, y no de elaboración o profundización de la temática propuesta.

Dicho lo anterior, será importante partir del hecho de que en las coordenadas de la época actual muchas niñas y niños se encuentran expuestos a una violencia constante y directa en el entorno familiar, abusos sexuales, desapariciones, imposición de una lógica insensata e incesante de lo que el sistema capitalista ha implantado. Pero también han quedado expuestas, las que podríamos llamar violencias por omisión. La brutalidad del estado de indefensión en las que se encuentran muchas de las infancias en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo. Un estado de desamparo y de desvalimiento- no solo físico sino fundamentalmente subjetivo- en las que están sometidos gran cantidad de niños, ante la sordera y ceguera de los adultos que tenemos una responsabilidad vital frente a ellos[1].

Resulta paradojal que mientras por un lado se declama que vivimos en tiempos de los derechos del niño, por otro lado, en las primeras dos décadas del siglo XXI se vienen registrando hechos que rompen toda ilusión de su bienestar (Minnicelli, 2010).

En noviembre de 2024, en vísperas de la Conferencia Ministerial Mundial para poner fin a la violencia contra la infancia,   UNICEF reconoció que la violencia contra la infancia –ya sea física, emocional o sexual– constituía una crisis mundial e hizo un llamamiento para que se tomaran medidas urgentes a fin de combatir la violencia que destruye las vidas de millones de niños y niñas en todo el mundo (UNICEF, 2024).

Según el Informe Anual de UNICEF 2023: “Desde Gaza hasta Sudán, pasando por Ucrania y otros lugares, más de 450 millones de niños y niñas –casi 1 de cada 5– viven en una zona de conflicto o han huido de ella. Los niños y niñas sufren cada vez más ataques en zonas urbanas densamente pobladas y en hospitales, escuelas y campamentos de refugiados. Tan solo en Gaza, tres cuartas partes de la población han quedado desplazadas y el 70% de los muertos han sido niños, niñas y mujeres” (UNICEF, 2023).

“Hay que dotar al análisis estadístico de capacidad de habla” (Fuentes y Arellano, 2022), y para hacerlo habría que preguntarse por lo que muestran estas cifras en términos del lugar que ocupa la infancia en nuestra época, así como de las prácticas desubjetivantes que – de forma deliberada o inadvertida – se encuentran implicadas sobre ella, entendiendo dichas prácticas como “aquellas que, donde hay alguien, operan como si ese alguien fuera nada o nadie, expropiándolo de su condición de sujeto” (Amaya, 2010).

Ante este preocupante panorama, pareciera una particularidad de la época la renuncia de los adultos a ejercer su función de dejar marcas, huellas, significantes, que inscriban subjetivamente a los niños en el orden familiar y social. Massimo Recalcati (2014) plantea que en nuestra época existe una crisis de la Ley de la palabra, la que parece haber perdido su fundamento simbólico, cuyos síntomas y efectos también podemos registrar en el ámbito de lo social: “dificultad para asegurar el respeto de las instituciones, derrumbe de la moral pública, eclipse del discurso educativo, decadencia de un sentido compartido de la vida, incapacidad de construir lazos sociales creativos, triunfo de un goce mortífero desconectado del deseo…” (p.65). La tesis de Recalcati sostiene que este debilitamiento cultural de la Ley de la palabra no solo genera extravío, sino el síntoma de una invocación compulsiva de las leyes en el plano jurídico.

Sin embargo, es necesario marcar la distinción entre la ley primordial, la Ley de la palabra[2] – que constituye y regula la subjetividad -, con la norma del texto jurídico, de la Ley de los Códigos, a la cual parece apelarse compulsivamente ante la dificultad de los adultos para ejercer la función simbólica de la Ley en la época.

Las prácticas profesionales con infancias quedan muchas veces atrapadas en esta confusión entre la Ley de la palabra, y la ley jurídica, apelando por aplicar la segunda, se desatiende la de instituir infancia, que implicaría una operatoria del lenguaje que produciría una inscripción social y subjetiva de niñas y niños.

En este mismo orden de ideas, la propuesta de Zelmanovich y Minnicelli (2012) sostiene que “…hace falta instituir infancia en el discurso contemporáneo, con relación a la legalidad de la cultura, por la inscripción de la ley fundante del sujeto en el orden social que es marca de la diferencia entre lo prohibido y lo permitido” (p.40), y con ello inventar formas culturales que permitan acotar el desamparo al que están expuestas las infancias en nuestros días.

Ante este panorama de violencia, desvalimiento y desamparos físicos y subjetivos de niñas y niños, en buena medida por la dificultad de adultos y profesionales por sostener la función simbólica de la Ley de palabra en la época, propongo si sería posible aproximarnos a la idea de la infancia y lo infantil, no solo como una etapa cronológica de la vida, sino como nociones que entrañan una potencialidad y una ética inherentes al ser humano, una poética de la infancia y lo infantil que podrían permitir la invención de formas culturales que instituyeran infancia en el discurso de época, y con ello reconocer a niñas y niños como sujetos de palabra y de deseo.

A partir de este planteamiento, a continuación, presento algunas notas preliminares de nociones de los desarrollos teóricos acerca de la infancia, lo infantil y lo poético de los filósofos Giorgio Agamben, Francoise Lyotard y Jean-Luc Nancy, que contribuyan a ir delineando la argumentación para dicha poética.

II. Algunas notas sobre la infancia, lo infantil y lo poético en G. Agamben, F. Lyotard y Jean-Luc Nancy.

Agamben en su ensayo Infancia e historia, pone en el foco de la reflexión el tema de la experiencia, y se pregunta: “¿existe algo que sea una in-fancia del hombre?¿Cómo es posible la in-fancia en tanto que hecho humano? Y si es posible, ¿cuál es su lugar?” (Agamben, 2007:64).

Las preguntas planteadas por Agamben acerca de la infancia, señalan una línea de reflexión que nos permitiría interrogar críticamente la relación entre infancia, experiencia y lenguaje, remitiéndonos a otros filósofos contemporáneos como Francoise Lyotard y Jean-Luc Nancy para poner en juego la tesis de si es posible trazar una poética de la infancia, que recupere su potencia- dejando atrás su concepción tradicional y evolutiva de considerarla como algo inacabado, o inmaduro- sino como aquella que puede hacer de la poesía una ética.

Así mismo, es pertinente preguntarnos si – como se ha expuesto – en una época caracterizada por la crisis de la Ley de la palabra, por la volatilidad de las instituciones, las funciones y los afectos, ¿será posible recuperar la infancia como principio de la experiencia, potencia de la palabra, apertura constante a pensar y repensar lo nuevo, lo inesperado y lo insólito?

Para Agamben (2007) la experiencia coexiste con el lenguaje, es decir, la experiencia consiste en el mutuo referirse de infancia y lenguaje.

En Infancia e historia, Agamben sostiene que la ciencia moderna identifica la experiencia con el conocimiento: todo saber es puesto a prueba, tiene que indicar una certeza. Por otro lado, la cultura de masas de las nuevas generaciones asiste a la búsqueda de lo increíble que, por definición, es un intento de experimentar lo inexperimentable.

Ante esto, el autor propone ir a buscar la experiencia justamente donde se considera perdida: en la historia. Y es aquí donde él se pregunta por el origen, por una experiencia originaria, la cual sería necesariamente una experiencia muda. Trata de plantearse el problema, entonces, de una infancia del hombre. Es decir, un momento originario donde el hombre todavía no hablaba, un hombre sin lenguaje.

Pero toda búsqueda del origen es la de un origen perdido: al hombre lo encontramos siempre atravesado por el lenguaje. Aun así, no se puede afirmar que el hombre haya sido desde siempre parlante, eso implicaría que nunca hubiera tenido una infancia. A partir de dicha situación indecidible, Agamben plantea que “la infancia es el origen del lenguaje, y el lenguaje, el origen de la infancia” (p.66). Una cosa remite a la otra, sin poder distinguir a una como causa de la otra. Y una consecuencia importante de este planteamiento es que el asunto del origen no es algo que se encuentre, cronológicamente, en el inicio, sino que nunca deja de acaecer.

Por lo tanto, el filósofo italiano concluye que el hombre mantiene su condición de infante a lo largo de su vida y de la historia: “…Que el hombre no sea desde siempre hablante, que haya sido y sea todavía in-fante, eso es la experiencia” (p.70).

Se trata de una experiencia que se renueva y que cada sujeto deberá atravesar, Agamben lo dice así:

En este sentido, experimentar significa necesariamente volver a acceder a la infancia como patria trascendental de la historia. El misterio que la infancia ha instituido para el hombre sólo puede ser efectivamente resuelto en la historia, del mismo modo que la experiencia, como infancia y patria del hombre, es algo de donde siempre está cayendo en el lenguaje y en el habla. Por eso la historia no puede ser el progreso continuo de la humanidad hablante a lo largo del tiempo lineal, sino que es esencialmente intervalo, discontinuidad, epokhé. Lo que tiene su patria originaria en la infancia debe seguir viajando hacia la infancia y a través de la infancia. (Agamben, 2007: 74)

Por su parte, nos parece que Francoise Lyotard podría sumar a la reflexión acerca del concepto de infancia desde la perspectiva crítica que se está proponiendo, pues también se aleja de las concepciones clásicas que intentan apresarla en su idea moderna.

El concepto teórico de la infancia parece particularmente destacable en la obra tardía de Lyotard, especialmente en su ensayo Lecturas de infancia (1997).

En palabras de Bennington, Lyotard percibe la infancia como “sentido trascendental de un antes radical” (Bennington, 2007. Citado en Locke, 2021:1). Un ensayo de Kirsten Locke (2021), nos acerca a esta noción de infancia con una cita de Lyotard en el texto Ensayos políticos:

Con niñez no quiero decir, como han hecho los racionalistas, una edad privada de razón. Quiero decir esa condición de estar afectados en una época en la que no tenemos los medios –lingüísticos y de representación–para nombrar, identificar reproducir y reconocer lo que nos afecta. Con niñez, quiero decir el hecho de que nacemos antes de haber nacido para nosotros mismos. Y así nacemos de otros, pero también para otros, entregados en las manos de otros sin defensa alguna. (Lyotard, 1993:149)

Podemos apreciar también en Lyotard – al igual que en Agamben – una idea de infancia distante de pensarla como algo inferior a la adultez, y se pregunta si alguna huella de la niñez no podría perdurar en la adultez, en tanto la considera “…como el espacio privilegiado de ausencia de preparación, de susceptibilidad y potencial apertura…” (Lock, 2021: 221).

En su obra Lo inhumano (1991) elabora las cualidades de la niñez que pueden permanecer en la adultez. Plantea que, frente a la inhumanidad proveniente de la experiencia posmoderna, aquello que persiste de infancia en el adulto puede ser una suerte de resistencia, que intenta explotar el poder transgresivo de esa otra inhumanidad que se opone al estado de cosas. Esta inhumanidad opuesta a la ley del sistema, “…representa el espacio utópico en el que se desarrolla todo pensamiento crítico. Lyotard encuentra dicho espacio en aquello que no puede ser asimilado por el sistema, es decir, la corporalidad, lo figural, el deseo y, más concretamente, la infancia” (Giménez, 2004).

Una de las premisas que Lyotard desarrolla y con la que inicia su reflexión en el libro Lecturas de infancia, es la siguiente:

Nadie sabe escribir. Cada cual, sobre todo el “más grande” escribe para atrapar en y por el texto algo que él no sabe escribir. Que no se dejará escribir, él lo sabe. […]Bauticémosla infantia, lo que no se habla. Una infancia que no es una edad de la vida y que no pasa. Ella puebla el discurso. Éste no cesa de alejarla, es su separación. Pero se obstina, con ello mismo, en constituirla como perdida. Sin saberlo, pues, la cobija. Ella es su resto. Si la infancia permanece en ella es porque habita en el adulto, y no a pesar de eso. (Lyotard, 1997: 13).

Esta forma de entender la infancia y lo infantil que nos proponen Agamben y Lyotard, nos permiten pensarla “como ese resto que no se deja decir/escribir, permanece suspendida en la indefinición de las formas discursivas del lenguaje poético” (Canseco, 2019: 9).

La idea recién citada de la investigadora argentina Adriana Gabriela Canseco apunta también a pensar la infancia y lo infantil a la manera en que las elaboraciones de Agamben y Lyotard convocan, como un resto constitutivo de lo humano, pero ¿cómo se aproxima dicho resto al lenguaje poético?

Para intentar una respuesta inicial a este cuestionamiento, encuentro en Jean-Luc Nancy una vía de exploración posible.

Desde la perspectiva de Jean-Luc Nancy (2013), “la poesía es más otra cosa que la poesía misma. Hasta puede ser lo contrario o el rechazo de la poesía y de toda la poesía” (p.156). Para Nancy, lo que niega el poema es la accesibilidad, aunque paradójicamente, es justamente el acceso lo que hace la poesía en su hacerse. En su texto, Hacer, la poesía, lo dice de la siguiente forma:

Ella lo hace difícil. En tanto lo hace, parece fácil y es por esta razón que […]la poesía es denominada “cosa ligera”. Ahora bien, esto no sólo es una apariencia. La poesía hace la facilidad de lo difícil. En la facilidad, la dificultad cede. Pero esto no quiere decir que ella sea allanada. Quiere decir que ella es poesía, presentada por lo que es, y que estamos comprometidos con ella. Repentinamente, fácilmente, estamos en el acceso, es decir, en la absoluta dificultad, “elevada” y “conmovedora”. (Nancy, 2013: 157)

En otro de sus ensayos, titulado Lengua apócrifa, Nancy (2014) plantea que en la poesía hay pura lengua que se hace en su decirse. La dificultad que señala el hacer poético del que habla Nancy, implica asumir que no hay una ultralengua– en el sentido que pueda haber una lengua extremadamente codificada y pulida en sus significaciones-; en todo caso, hay lengua que no habla de/sobre ella, ni sobre el sujeto, es una lengua apócrifa (Canseco, 2019):

Sin sujeto: lengua misma, ella misma tendencialmente puro objeto, cosa depositada, […] sosteniéndose sola innominada, más allá de su nombre, más allá de todas las significaciones tramadas por el sujeto […]. Porque la lengua al fin sirve para eso o para nada. Para excedernos infinitamente, a nosotros, y a todos nuestros lenguajes”. (Nancy, 2014: 8-9)

En este concepto de lengua apócrifa como lengua sin sujeto (sin poder ni sujeción que abre el lenguaje a su infinito), es en el que Canseco (2019), descubre un punto de anclaje para el concepto de poética, que será importante seguir explorando en subsecuentes ensayos: “…la cualidad de lo poético de ser/hacer acceso, no es sino la clave misma de la infancia como misterio del ser en el lenguaje […], al anudar la singularidad de la infancia como renuncia a toda certeza, a todo poder y a su saber un modo de hacer/ser particular” (p.13).

Desde este planteamiento, la potencia de la poética se encontraría en el hacer, en el acto, abriendo la pregunta en la esfera de la ética.

Regresando a Agamben, la teoría de la experiencia demuestra que el hombre no se reduce a su ser lingüístico, sino que posee una infancia que le ha sido/es expropiada y que recupera al experimentar: “En este sentido, experimentar significa necesariamente volver a acceder a la infancia como patria trascendental de la historia” (Agamben 2007:74). Por eso insiste en que todo crear genuino es aquel que no olvida la originaria vocación infantil para con el lenguaje. Cada hombre conserva, aunque olvidada, la vivencia de una relación infantil con el mundo, un juego de libertad y creación susceptible, sin embargo, de ser prolongado en las palabras (Yagüe, 2020). En Agamben esta tesis es crucial porque constituye la base de la ética.

En La comunidad que viene, lo expresa así:

El hecho del que debe partir todo discurso sobre la ética es que el hombre no es, ni ha de ser o realizar ninguna esencia, ninguna vocación histórica o espiritual, ningún destino biológico. Solo por esto puede existir algo así como una ética: pues está claro que si el hombre fuese o tuviese que ser esta o aquella sustancia, este o aquel destino, no existiría experiencia ética posible, y solo habría tareas que realizar. (…) Hay, de hecho, alguna cosa que el hombre es y tiene que pensar, pero esto no es una esencia, ni es tampoco propiamente una cosa: es el simple hecho de la propia existencia como posibilidad y potencia. (Agamben, 1996:31)

En el mismo orden de ideas, Lyotard considera que la infancia continúa en el adulto, representando una fuerza contrasistémica, “una indeterminación y un sentimiento de extrañeza frente a la complejidad que nos envuelve. Un pathos transgresor, revolucionario, una esperanza de humanidad” (Giménez, 2004).  Así, vemos en Agamben, Lyotard y Nancy tres elaboraciones sobre lo infantil que entrañan una una ética inherente al ser humano.

Donde propongo una posible vía de indagación para explorar ese vínculo entre infancia, experiencia y lenguaje, que articulen una poética de la infancia y lo infantil, es precisamente en poder sostener una posición de incomodidad e incertidumbre. Descentramiento, dislocación. Emplazamiento que implicaría la toma de una posición ética que aceptara la incertidumbre, el desasosiego, la falta de certezas, el hueco, la hiancia, el vacío, la falta, para desde ahí poder ser/hacer acceso a una orilla de sentido, como lo apunta Nancy.[3]

¿Esa incomodidad que reconocemos que produce el niño siendo implicaría una particular facultad ética y poética?

El trabajo de Esteban Levin (2008) subraya precisamente esa facultad poética del niño que ya destacara Freud en El creador literario y el fantaseo, esa capacidad de asombro acerca de sí mismo, de las cosas y del mundo: “La po-ética del niño, ese constante asombrarse, esa inestabilidad constitutiva propia de su curiosidad incipiente, le otorga la inquietante capacidad de saber y no saber que él, tan hábil y filosóficamente, coloca en escena” (Levin, 2008: 153).

Al mismo tiempo, la infancia muestra su particularidad de ser “lo perdido”: “…la infancia es lo perdido, no es menos cierto que resulta irrecuperable, pero es tras esa infructuosa búsqueda que algo así como la poesía, y el arte en general, tienen lugar en la cultura humana… La infancia como ese resto que no se deja decir/escribir, permanece suspendida en la indefinición de las formas discursivas del lenguaje poético. (Canseco, 2019: 8-9).

Para articular una poética de la infancia y lo infantil se trataría precisamente de construir supuestos acerca de “lo infantil” y “lo poético”, ni edad cronológica, ni mero discurso retórico. Recuperar el sin sentido de la poesía como posibilidad de retorno a la infancia, no como etapa cronológica de un ser humano sino como umbral del lenguaje (Canseco, 2019). Siguiendo esta idea, con Agamben, se abre una vía para pensar la infancia como una dimensión fundamental de la experiencia. La infancia sería entonces el lugar y el momento en que la experiencia y el lenguaje se tocan, pero no se confunden. Es decir, ¿podría pensarse una poética de la infancia en tanto misterio del ser en el lenguaje pero también como potencia creadora que pareciera no poder ser sin aquél que asuma también su posición de in-fante?

Pensar el cruce entre experiencia y lenguaje “… no desde la edad adulta de la razón, sino desde la ambigüedad y espontaneidad del juego, la narración y la poética de la infancia…Significa reconocer los umbrales de la infancia como una dimensión donde experiencia y lenguaje se cruzan (Canseco, 2019), y este cruce posibilita la capacidad de creación, experiencia y lenguaje en una ignición, una chispa creadora (Levin, 2008).

¿Cómo colocarse en una posición tal que esa chispa creadora encienda esa potencia poética de la infancia no solo para el sujeto-niño sino para quienes tenemos esa responsabilidad ética frente a ellos? 

Finalmente, quiero resaltar esta hipótesis que atraviesa el texto de Canseco (2019): “…una poética en tanto acontecimiento ético que se da en el seno de una lengua, es decir, un modo de hacer (en/con) el lenguaje” (p.15).

Si como articula Canseco a lo largo de su argumentación, “una poética es un modo del hacer; del hacer propio de la ética”, sería importante pensar de qué maneras pueden construirse estas poéticas en-in-fantia; poéticas de la infancia; poéticas para la infancia, una tarea que está en sus albores pero que pretende seguirse articulando en una propuesta original en subsecuentes ensayos y elaboraciones que profundicen en lo que aquí se ha intentado apenas esbozar.


Referencias

[1] Sería importante definir si dicha responsabilidad se trataría de un mandato jurídico, una cuestión política o social. Para fines de este trabajo enfatizaremos la cuestión ética de dicha responsabilidad, no en un plano moral, sino fundamentalmente en el plano del proceso de subjetivación de niñas y niños.

[2] Desde una perspectiva psicoanalítica, la “Ley de la palabra” retoma el énfasis que J. Lacan le diera a la función fundamental del lenguaje y la palabra en la constitución del sujeto y su relación con el inconsciente, que hace posible la entrada del infantil sujeto al mundo de la cultura. No se trata de una ley en el sentido jurídico, sino a nivel psíquico y subjetivo. Dicha ley de la palabra debe ser transmitida por un otro parental, familiar o institucional que sostenga una función simbólica que inscriba a niñas y niños como sujetos. Lo que Recalcati argumenta es que en la época estos “otros” no están sosteniendo dicha función de transmisión de la ley de la palabra, con lo que los sujetos infantiles se pueden encontrar expuestos a una especie de desamparo o deriva subjetiva, y para compensar la dificultad de sostener dicha función simbólica, se apela a las leyes en el plano jurídico como una forma de compensar dicha dificultad. Para profundizar en el tema véase: Recalcati, Massimo. El complejo de Telémaco. Anagrama, Barcelona, 2014.

[3] En concordancia con este planteamiento el discurso psicoanalítico también apunta a una ética del deseo que se distingue de toda moral normativizante. La ética del psicoanálisis, al ser una ética singular no pasa por ningún rasgo de un ideal colectivizante que signe cómo debería ser un niño. Por el contrario, apuesta al reconocimiento del niño como sujeto, con la historia que lo precede y su singularidad, no intentando capturarlo o acallarlo en un diagnóstico, reeducarlo o “normalizarlo”.


Bibliografía

Agamben, G.Infancia e historia. Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2007.

Agamben, G. La comunidad que viene. Valencia, Pre-Textos.

Canseco, A. “Por una poética de la infancia. Una aproximación a los conceptos de infancia y poética en autores y editoriales argentinas contemporáneas”, Aquelarre Revista de Literatura Infantil y Juvenil, 2019, número 7, Universidad Nacional de Rosario.

Fuentes, Mario Luis, Arellano, Saúl, Índice de los derechos de la niñez, 2022. Cinco años de incumplimiento de derechos, Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México, Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, 2022.

Giménez, F. “Lo sublime o la infancia imposible: experimentación y anamnesis en la estética de J-F Lyotard”, Revista Digital Discurso Visual, 2004, disponible en: http://discursovisual.net/dvweb06/aportes/apofabian.htm

Levin, E. Discapacidad, Clínica y Educación. Los niños del otro espejo, Argentina, Nueva visión, 2008.

Lyotard, J-F. Lo inhumano. Charlas sobre el tiempo, Buenos Aires, Manantial, 1998.

Lyotard, J-F. Lecturas de infancia, Argentina, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1997.

Locke, K. Lyotard con Freud: niñez e infancia como afecto, Calibán: Revista Latinoamericana de Psicoanálisis, 2021, 19 (1/2), págs.220-223.

Minnicelli, M. Infancias en estado de excepción. Derechos del niño y psicoanálisis, Argentina, Noveduc, 2010.

Nancy, J-L. “Hacer, la poesía”, Badebec. Revista del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, 2013, Vol. 3(N°5), 155-163.

Nancy, J-L. Lengua apócrifa. Traducción de Juan Soros. Santiago de Chile: Cuadro de Tiza, 2014.

Recalcati, Massimo. El complejo de Telémaco. Anagrama, Barcelona, 2014.

UNICEF. Informe anual de UNICEF 2023. Disponible en: https://www.unicef.org/es/informes/informe-anual-unicef-2023

UNICEF. DATOS URGENTES: La violencia contra la infancia está muy extendida y afecta a millones de niños y niñas en el mundo. Disponible en: https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/violencia-contra-infancia-extendida-afecta-millones-ninos

Yagüe, P. “Infancia y política en Giorgio Agamben y León Rozitchner, Anacronismo e Irrupción”, 2020, Vol. 10, N° 18, págs. 254-279.

Zelmanovich, Perla y Minnicelli, Mercedes. “Instituciones de infancia y prácticas profesionales: entre figuras de segregación y dispositivos de inscripción simbólica”,Propuesta Educativa, 2012, Año 21, Número 37, p.39-50.

Erika Patricia Ciénega Valerio

Psicoanalista. Licenciada en Psicología por la FES Iztacala-UNAM. Master en Psicoanálisis. Clínica del sujeto y vínculo social. Universidad de León, España. Maestría en Teórica Crítica, en 17, Instituto de Estudios Críticos. Docente en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y en Dimensión Psicoanalítica. Miembro del Foro del Campo Lacaniano de México. Actualmente cursa el Doctorado en Saberes sobre Subjetividad y Violencia en el Colegio de Saberes. Su línea de investigación se encuentra en pensar lo infantil desde la filosofía, el psicoanálisis y otros saberes.