El rey de los Alisos de Michel Tournier

Libros

Laura Piñeirúa

De un modo u otro considero que la literatura evoca siempre al tiempo y a la memoria. Ya sea en el ejercicio de escribir o en el de leer, los textos suelen descolocarnos de nuestros cauces temporales para llevarnos a otros que rememoran o generan expectativas. En ese sentido leer y escribir son vaivenes que implican quiebres y tránsitos temporales.

Hay autores cuyas preocupaciones por estos temas se manifiestan de manera explícita ya sea en la trama o en el tono que adquieren las palabras a lo largo del texto. Tales son los casos de Proust En busca del tiempo perdido, Thomas Mann, La montaña mágica y Virginia Wolf La señora Dalloway comentados y analizados por Paul Ricoeur en este sentido.

Hace unos meses, al adentrarme en los ritmos literarios de Michel Tournier, en específico en la trama de El rey de los alisos, tuve el placer de experimentar diversas sensaciones temporales. Más allá de la dimensión histórica y de la crítica que conlleva la novela, Los escritos siniestros de Abel Tiffauges narrados a modo de diario me llevaron a la memoria de vivencias infantiles que poco a poco el autor cruza con otras voces narrativas para abrir una dimensión literaria que apuesta, según mi parecer, al sentido de eternidad.

La cronología del diario se disuelve en una atmósfera narrativa de índole un tanto mítica en la que los despliegues del tiempo y la memoria atraviesan y modelan el ser del protagonista