Prometeo que venía a inspeccionar el reparto, y que ve a los demás
animales que tenían cuidadosamente de todo, mientras el hombre
estaba desnudo y descalzo, y sin coberturas ni armas […] roba a Hefesto
y a Atenea su sabiduría profesional junto con el fuego.
Platón, Protágoras, 321c
Les invito a que nos reunamos en torno a la fogata, para compartir una historia. Una historia sobre la técnica que se presenta hoy como un eje ineludible para pensar las transformaciones contemporáneas de la subjetividad, el conocimiento y la cultura. Y lejos de reducirse a su dimensión instrumental, la técnica se revela como modo de relación con el mundo, como configuración simbólica y política, e incluso como espacio de producción de subjetividad.
Al cobijo del Colegio de Saberes —espacio que convoca a desedimentar estructuras y a sacudirle lo familiar al pensamiento—, este texto busca abrir un lugar de diálogo fecundo, en el que los saberes puedan exponerse en su incompletud y confrontarse desde la pluralidad de perspectivas.
Se trata de pensar la técnica no sólo como problema, sino pre-texto para leer la época y para poner en duda la experiencia del pensar, como aquello que atraviesa la praxis, el cuerpo, el lenguaje y la invención misma del sujeto.
Estas líneas están sostenidas en la tensión que supone a la subjetividad como producto de la invención y a las invenciones como producto de subjetividad. Proponemos este espacio como un lugar de diálogo y encuentro. Para ello, en los próximos minutos intentaré establecer una breve, inacabada, sesgada y –seguramente– mejorable exposición del trabajo y los abordajes que se han realizado en torno a la técnica. Sin embargo, parto de algunas coordenadas, que intentaré sostener más adelante. Un mito y tres pensadores: Stiegler, Heidegger y Simondon.
Esto empieza con un mito cuando se encarga a los hijos de Jápeto: Prometeo (el previsor o el que piensa antes) y Epimeteo (el retrasado o el que piensa despues), la tarea de adornar y distribuir los dones o capacidades entre los seres mortales según fuera correspondiente: velocidad, fortaleza, tamaño, habilidad para volar, garras o pezuñas, a fin de salvaguardar a la especie. El reparto fue organizado por Epimeteo quién fiel a su condición de pensante a destiempo1, se olvida de dotar con capacidades convenientes a los humanos para su supervivencia. Habilitando a Prometeo para que robe el fuego con el que busca compensar la falta de cualidades innatas en el ser humano, resultando en la posibilidad de la vida para el hombre2.
Pero, ¿qué es lo que roba Prometeo cuando roba el fuego? El titan concede el acceso a numerosas artes y dotes: las casa de adobes cocidos al sol, el trabajo de la madera, señales para discernir la estación del año, los ortos y ocasos de las estrellas; el trabajo con las bestias, los carros de los navegantes, los metales ocultos bajo la tierra, las mixturas de los remedios curativos, el número, la unión de las letras y muchas formas de adivinación; para que de esta manera dejarán de ir amasando todo al azar3.
A la vez que se otorga este don a los humanos, también se brinda la posibilidad de transformar el mundo en pos de la supervivencia y es este rasgo, el que el personaje Protágoras, en el relato platónico homónimo, remarca: el hombre con la técnica manual podía asegurarse el alimento, mas era víctima de las fieras y las inclemencias de clima así que “articuló rápidamente, con conocimiento, la voz y los nombres, e inventó sus casas, vestidos, calzados, coberturas y alimentos del campo […] las ciudades.”4
Ello hace posible pensar que el regalo de Prometeo es la téchne o técnica, en tanto esta es un conjunto de alteraciones o rasgos añadidos que son ajenos a la naturaleza de las cosas. A este elemento adicionará Aristóteles5 que no basta con la alteración de las cosas en el mundo por mera ejecución, sino que requerirá de un conocimiento de las causas para propiamente ser denominado como téchne. En tanto se establece que este conocimiento de las razones es menester para acceder a la técnica como forma de conocer y estar en el mundo, se hace igualmente necesaria la capacidad cognoscible para establecer las relaciones entre los resultados y las causas, o como Esquilo lo presenta: el acceso al fuego, la sabiduría y las artes.
Al no contar con garras, caparazones, ni alas; el humano transforma el mundo que le rodea, se hace de un hábitat que aumenta sus probabilidades de supervivencia. Stiegler (1994)6 retoma este mito para proponer que la técnica — lease fuego, sabiduría y artes— actúan como una prótesis que el hombre emplea para subsanar esta falta original: este concepto, también es posible encontrarlo, en la literatura como proyección de órganos de tal modo que el don propiamente humano sea: el empleo de la técnica para acercarse a lo real del mundo.
Sin embargo, también es preciso señalar que en ese mismo texto Pasar al acto, Stiegler profundiza en esta la idea de que la técnica, en su dimensión contemporánea, se ha convertido en un sistema cerrado que proletariza al sujeto; no se ha quedado en la proyección de órganos, no se trata ya únicamente del martillo como extensión de la mano. Sino de cuestionar un proceso de tecnificación que implica una alienación en la que el individuo pierde su capacidad de interpretación creativa, quedando subordinado a los sistemas técnicos que dictan qué es visible, qué es posible y, por ende, qué es pensable7. Cabría decir que la técnica, como sistema normativo, establece un horizonte de visibilidad que excluye todo aquello que no se ajusta a sus lógicas de utilidad y productividad.
Por otro lado, difícilmente se puede pretender hacer un recorrido por la filosofía de la técnica sin detenernos a pensar en la pregunta por la técnica, de 1954, que de algún modo sintetiza las posturas corrientes sobre el tema. Heidegger8 hablará de la técnica con dos concepciones iniciales, una que dicta que: la postura instrumental en la cual la técnica es un medio para un fin, y otra que refiere que: técnica es un hacer del hombre, una postura antropología. La propuesta del filósofo parece apuntar a un tercer espacio, en donde la técnica tiene la posibilidad de confeccionar algo nuevo en lo dado, algo artificial en lo natural. Sin embargo no es en esta modificación o manipulación en donde se encuentra la esencia de la técnica, entendida como τέχνη9, sino en el hecho de desocultar reuniendo las causas y develándolas sobre un pro-ducir: “La técnica es un modo de desocultar. La técnica presencia en el ámbito en el que acontece desocultar y desvelamiento, άλήθεια, verdad.” (Heidegger, 2021:122)
Al preguntarse sobre la técnica moderna, por otro lado, se propondrá una lectura en términos de pro-vocación. En tanto este tipo de técnica llevaría al hombre a desocultar lo real como constante, se trata de una revelación del mundo, una forma de dis-poner (Gestell) de la naturaleza y lo misterioso que la acompaña. Dicho de un modo diferente, la técnica que precede al descubrimiento, tiene como meta el desocultamiento de aquello que en el misterio permanece oculto; por lo que es posible pensar en la técnica como develamiento de lo dis-puesto de una forma particular y que, a decir propio, se encuentra estrechamente vinculado con las condiciones históricas que le acompañan.
Con el análisis que realiza a estas posturas de lo técnico se deja en evidencia que el hombre no sabe ya cuál es su propio tipo de hacer (saber-hacer) que parece haberse convertido en el din del supuesto medio que es la técnica y que esta es una fuerza que engloba, en realidad la distinción entre teoría y práctica.
Respecto a ello, Simondon comenzará su libro el modo de existencia de los objetos técnicos con una declaración en contra de ese posicionamiento tecnofóbico que, parece, retozar en el clima intelectual de la época “un humanismo fácil” que ha creado un prejuicio inutil respecto a la técnica y que nos impide ver el lugar de la realidad humana en los objetos y sistema técnicos, el texto tiene el propósito de mostrar que “la cultura ignora en la realidad técnica una realidad humana y que, para cumplir su rol completo, la cultura debe incorporar los seres técnicos bajo la forma de conocimiento y de sentido de los valores. ” (Simondon, 2013:31). Esta meta, para el autor, se encuentra en el mismo nivel de importancia que el deber al que cumplio la abolición de la esclavitud y la afirmación del valor de la persona humana.
Su propuesta de pensamiento en torno al objeto técnico también se cuela en la experiencia estética. En una carta escrita para Derrida a propósito de la creación de un Colegio Intencional de Filosofía, pero no enviada sino publicada postmortem, Simondon (1982) describe e inscribe el campo de la tecno-estetica o esteto-técnica que opera como una “meditación orientada hacia el descubrimiento de una axiología intercategorial que se puede prolongar por medio de la contemplación y manipulación de las herramientas” (Simondon 2017:368)10. Pero la tecnoestética no tiene como categoría principal la contemplación. Es en el uso, en la acción, cuando se convierte en orgásmica, de algún modo, medio táctil y motor de estimulación: cuando se ajusta o de afloja una cuerda, cuando se estira y moldea el metal forjado por la acción del martillo y el yunque. Sospecho que Gilbert S. encontraría un placer estético especular en los videos de carpintería japonesa que se aglomeran en internet. En esta propuesta, la estética es más alla de la primera sensación del “consumidor” de la obra de arte, el haz sensorial del artista mismo: “ un cierto contacto con la materia que está siendo manipulada” (Simondon 2017:369).
La propuesta filosotécnica de Simondon está mucho más cercana a nosotros, de lo que imaginamos, pues tuvo una acertada crítica a la naciente cibernética –palabra que, cabe mencionar, está hoy en desuso– pero que señalaba un quiebre en el modo de existencia de lo humano; obligando a abandonar una tarea del “hacer historia de la tecnica” para trasladarse al hacer genealogía de la misma. La genealogía de la técnica abierta por la cibernética crea las condiciones para que sea posible una tecnología.
Sin embargo, a propósito de Simondon, nos recuerda Pablo Rodriguez11 en su prologo titulado el modo de existencia de una filosofía nueva, que “la cibernética no está a la altura de sus descubrimientos, y pronto realizará groseras analogías entres seres vivos y máquinas” aspirando a “construir la máquina de pensar, soñando con poder construir la máquina de querer, la máquina de vivir, para quedarse detrás de ella sin angustia, libre de todo peligro, exento de todo sentimiento de debilidad y triunfante de modo mediato, por lo que ha inventado” (Rodríguez, en Simondon 2013:20). A quien le suene esto a lo que se vive en torno al surgimiento y popularización de la inteligencia artificial, permítame decirle que, no está tan perdido.
La tarea de la definición de la génesis del objeto técnico hace posible, para Simondon (2013)1212, estudiar las relación entre él y otras realidades en tanto objeto de juicio de valores. Puede suscitar actitudes muy diferentes cuando es tomado a nivel de: a) elemento, en el cual su perfeccionamiento no engendra angustias, como en el clímax del optimismo del siglo XVIII en donde las nociones de progreso continuo empatan con los hábitos adquiridos. Mientras que a nivel de b) individuo-técnico se convierte en adversario de la idea ilustrada de hombre en tanto “el hombre centralizaba en él la individualidad técnica en un momento en donde solo existían las herramientas” (Simondon, 2013:37) entrando en conflicto con una máquina que toma su lugar; porque en síntesis el hombre cumplia la función de una máquina portadora de herramientas. En terminos del juicio, esta fase se convierte en objeto técnico en violación de la naturaleza o conquista del mundo. Y finalmente, a nivel c) de los conjuntos técnicos:
(…) en donde el desarrollo de las técnicas aparece como garantía de estabilidad. La máquina, como elemento del conjunto técnico, se convierte en aquello que aumenta la cantidad de información, lo que acrecienta la neguentropía, que es lo que se opone a la degradación de la energía: la máquina, es [..] como la vida y con la vida, lo que se opone al desorden. (Simondon, 2013:37)
En términos de juicio, este nivel pone a la máquina como medio por el cual lo humano se resiste a la muerte; como si fuera posible, aunque sea por un instante detener la degradación de la vida y situarse como estabilizadora del mundo.
Después de este recorrido. Se trata pues, y este es el único punto al que me interesa llegar, de hacernos cargo de la herencia de Prometeo; de responder –o balbucear – a la pregunta por la técnica y de cuestionar la relación con los objetos técnicos. Ya no desde una posición de tecnofobia, ni de tecnofilia. Responder o hacerse cargo de la herencia ígnea tiene que ver, cuanto menos, de un hecho de responsabilidad ¿de qué manera nos posicionamos frente a la técnica?, ¿qué hacemos ahora?, ¿qué hacemos hoy que recibimos este mundo tecnificado?
Y mañana, qué1313… el texto que a cuatro manos nos comparte Derrida y Roudinesco (2009) nos ofrece una oportunidad para seguir hablando como herederos “sin aceptarlo todo, ni barrer con todo” (2009:9). Que nos recuerda que la mejor manera de ser fiel a una herencia es serle infiel: pescarla en falta. Para lo cual es preciso “saber y saber reafirmar lo que viene antes de nosotros y que por tanto recibimos antes incluso de elegirlo […] ¿Qué quiere decir reafirmar? No solo aceptar dicha herencia, sino reactivarla de otro modo y mantenerla con vida […] reinterpretar, criticar, desplazar, o sea, intervenir activamente para que tenga lugar una transformación.” (2009:12).
Por eso vuelvo, una y otra vez, a la figura de Prometeo. Lo que para nosotros es una suerte de anacronía: “anticipar en nombre de aquello que se nos anticipa”, es justamente su don; en la herencia de la técnica su prevención es inscribir un nombre propio, anticipar el mismo nombre. Inventarse su nombre, firmar de una manera distinta, de un modo siempre único, pero en nombre del nombre heredado (Derrida y Roudinesco, 2009). Por esa posibilidad de desmarcarse, o distanciarse de la herencia del fuego es que se vuelve atractivo este espacio para hablar, escribir y pensar en torno a la misma.
Referencias
Bibliografía
Aristóteles. Física , Libro II. Madrid, Gredos, 1995.
Derrida, Jacques & Roudinesco, Elisabeth. Y mañana, qué…, 2da ed. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2009.
Esquilo. “Prometeo encadenado”en Tragedias. Madrid, Ediciones Gredos, 1982, pp. 345-346.
Heidegger, Martin. La pregunta por la técnica. Barcelona, Herder Editorial, 2021.
Platón. Diálogos. Volumen I: Apología. Critón. Eutifrón. Ion. Lisis. Cármides. Hipias menor. Hipias mayor. Laques. Protágoras. Madrid, Gredos, 2003.
Rodriguez, Pablo. “El modo de existencia de una filosofía nueva”, en El modo de existencia de los objetos técnicos, 2da ed. Editorial Prometeo, 2013.
Simondon, Gilbert. El modo de existencia de los objetos técnicos, 2da ed. Editorial Buenos Aires, Prometeo, 2013.
Simondon, Gilbert. Sobre la técnica. Buenos Aires, Editorial Cactus, 2017.